El gran espectáculo

Cuando el evangelista Lucas nos narra la crucifixión y muerte de Jesús, inserta una expresión interesante que será la base de esta reflexión: “ Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas” (Lucas 23: 48-49).

 

La crucifixión en sí no era un espectáculo, aunque hoy algunos lo tomen como un espectáculo y se hagan crucificar como sucede en Filipinas los “viernes santo”. La crucifixión era conocida aproximadamente  unos 600 a.C., porque fueron los persas que lo introdujeron como pena capital. Pero todas las cosas que ocurrieron alrededor de la muerte de Jesús era un espectáculo.  Dice la Biblia que a la hora sexta hubo tinieblas hasta la hora novena, el sol se oscureció, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron, pero no todos, sino sólo aquellos que esperaban al Redentor, al Mesías. Hubo un gran terremoto, el velo del templo se rasgó en dos, hubo milagros y un poder de convicción vino sobre el Centurión que dio la gloria a Dios, diciendo: “verdaderamente este hombre era justo” (Lucas 23:47).

 

Cuando la Biblia dice que se oscureció el sol, no fue una oscuridad que rodeó el Monte Calvario, ni tampoco sólo Palestina, sino toda la tierra.  La muerte de Jesucristo fue un hecho que fue atestiguado hasta por sus perseguidores: Celso historiador romano a fines del siglo II hizo referencia a este hecho tan notable. Tertuliano defensor de la fe cristiana en la apología contra los paganos hizo referencia a este hecho. El profeta Amós lo había profetizado cientos de años antes: “…haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro” (Amós 8:9).

 

No podemos precisar si las tinieblas fueron el mayor espectáculo o el sol cuando comenzó a alumbrar, porque con la oscuridad se silencia la tierra.   Los burladores habían desaparecido. Es cierto que en el momento de la muerte, no hay lugar para el sarcasmo y la irreverencia, por lo general el hombre más ateo cuando está en el umbral de la muerte suplica por misericordia.   

 

La crucifixión era humillante. Era tan humillante que los romanos, que se especializaban en el arte de la tortura, aseguraban a sus ciudadanos que un romano nunca sería crucificado.   Éste fue el sendero que Jesús eligió para alcanzarnos a usted y a mí.  Usted se da cuenta de que aquello a lo que llamamos pecado, que nosotros trágicamente minimizamos, es lo que rompe la grandeza para la que fuimos creados. Trae indignidad a nuestra esencia y dolor a nuestra existencia. Nos separa de Dios.

 

Hace más de dos mil años, en el camino a la cruz Jesús fue desechado, injuriado, desamparado, porque era la única manera de tomar toda nuestra indignidad y pagar el  precio por el pecado.  

 

Carlos Martínez González

Superintendente Nacional

 

 

 

 

 

 

Please reload

Entradas destacadas

I'm busy working on my blog posts. Watch this space!

Please reload

Entradas recientes

April 26, 2017

February 20, 2017

Please reload

Síguenos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square
  • Pinterest Social Icon
  • Flickr Social Icon

Quienes Somos

Reflexiones

Iglesias

Noticias

Eventos

Alerce

Ancúd

Castro

Cayurruca

Changué

Chihuipilli

Chillán

Corte Alto

Coquimbo

Hornopiren

La Unión 

Millahuín

Osorno

Palena 

Punta Arenas

Purranque

Quellón

Rio Bueno

Rio Negro

Santiago

Victoria

Villa Santa Lucia

Global

Instituto John Wesley

Iglesias locales

  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube